CATA 197 A pesar de la tarde nublada, amenazando lluvia; el calor nos recuerda que todavía estamos en el mes de mayo. Justo el clima para disfrutar de cuatro blanquitos frescos de entrada, y cerrar con dos tintos.

Empezamos con Garnacha 2014 de Bodegas y Viñedos Artanza, un navarro, que a mi en particular me gustó mucho, y que parece ser filial de viticultores Artadi. Color amarillo verdoso, brillante y fluido. Huele a durazno, espino blanco, piña verde (no madura) y lejanas notas herbáceas. En boca es cítrico, con algo de toronja blanca, mineral, recuerda también al agua quina, con ese amargo al final, excelente acidez y de final eterno. Una joyita por los 295 pesos que piden por él. Para comprar una cajita.

El segundo es un albariño, algo más ordinario. Pazo Barrantes 2014, directo de las Rías Bajas, o si lo prefieren: Rias Baixas. Huele a plátano, con un punto dulce en boca, sin llegar a ser abocado, con una acidez y ese “punto dulce”, bastante equilibrados. Entra con campañillas y sale un poco mudo. Va de más a menos. Repetible.

El tercer blanco es Flor de Chardonnay 2012, con nada menos que 14 grados de alcohol, bastante integrado. Denominación de origen Somontano, de Bodegas Laus. Color pajizo. Huele a barro, cera de abejas y paja mojada. Igual que el anterior va de más a menos. Repetible.

Por último, un blanco que tenía ganas de probar desde hace mucho, se trata de Erre Punto 2012. Vinificado con un 70% de viura y el resto malvasia. Desconcertantemente plano. Nariz cerrada a cal y canto, después de unos minutos huele a manzana verde. En boca es diluido, de final amargo y de acidez justa. No sé si lo volvería a probar. Además de su precio: ¡400 pesos! (19 €)

No sé por que razón se me ocurrió dejar al final dos Côtes-du-Rhône, será por que fue lo más cercano que tenía al revisar los pasillos. El primero: Les Heritiers 2012. En esta región encontramos, la famosa syrah, pero no es la única, ya que junto a ella y por lo regular mezcladas tenemos: garnacha tinta,la mouvèdre, cinsulat, y la carignan.

Les Heritiers 2012. Huele a cerezas y ahumados, tanino maduro y buena acidez. Bebible.

Calvet Côtes-du-Rhône 2014, este otro huele a cerezas en licor, fruta roja, algo ligero, buena acidez y de final largo. Frutal, algo primario, bebible también, y ambos a precios razonables; alrededor de 200 pesos.

Revisando algunas fotos de visitas a bodegas, me encontré con una buena cantidad de marcas de fabricantes de barricas, que quiero compartir, y como decían en los ochentas: una foto dice más que mil palabras… Y aunque no quisiera tomar al pie de la letra esta expresión, en esta ocasión creo que es elocuente.

En esta última foto del 2005 de Bodegas López Heredia Viña Tondonia, podemos ver un tonel de gran capacidad, que permite un pulimiento lento del tanino.

Pic066

(Continuará…)

De Bodegas Vega Manchón, Dolores Hidalgo, GuanajuatoMi primer encuentro con esta bodega fue en el año del bicentenario de la Independencia, septiembre de 2010, y debo decir que fue amor a primera vista, lo probé y me sedujo. Es de esos vinos que sin dudar se pueden comprar por caja, para ir descubriendo su evolución con el paso de los años.

Un gran acierto de Francisco traer a la mesa los vinos de esta gran bodega. Hacía tiempo que no quedábamos tan satisfechos con lo catado, como sucedió en esta noche.

Empezamos con un blanco: Torre de Tierra 2013, vinificado con semillón 100%. Color pajizo con reflejos verdosos, brillante, fluidez consistente. Nariz intensa a mango, y notas lejanas de durazno. En boca buen ataque, acidez justa y final amargo. Un vino muy sabroso que en este momento me viene a la cabeza acompañarlo con pan artesanal y un buen queso joven de cabra con ceniza. Sin duda para comprar media cajita.

Inmediatamente después, descorché el primer tinto: Cuna de Tierra 2013, con una rara mezcla de: cabernet sauvignon, cabernet franc , merlot y shiraz. Color rubí de capa media, brillante. Huele a barro, ciruela y alguna especia; mejorana. En boca es redondo, sin aristas, apenas se advierte alguna sensación alcohólica, que parece ser por la temperatura, esta apenas por arriba de lo que debería. Repetible.

El tercero es el Nebbiolo Cuna de Tierra 2013. Cuya mezcla, nada ortodoxa, marca las variedades típicas de tres países distintos: la nebbiolo (Región del Piamonte en Italia), Malbec (Argentina) y la tempranillo que huelga decirlo: España (mayoría de las regiones). El resultado: color granate de capa alta, aromas intensos a fruta negra; zarzamora, con una nota de capuchino. El más alcohólico con sus 13,8 grados, que se han notado, apuesto que con el tiempo se irá integrando. Para comprar una cajita.

Torre de Tierra sin añada, por lo menos no a la vista. Vinificado con 80% de tempranillo y el resto de cabernet sauvignon. Color rubí con ribete ocre. Aromas intensos a tofe, chocolate, maple y arándanos. Como para tener unas cuantas botellas en bodega.

Cuna de Tierra Syrah 2014. En el caso de este vino y también del tercero, la madera es parte de primer uso, y otra de segundo. Una buena práctica de esta bodega de no poner roble nuevo a todo lo que se les atraviesa por el camino. Una cualidad de todos los vinos catados es su tanino sedoso, mullido… aunque observo que el alcohol rebasa los 13 grados, que tampoco es motivo de escándalo, a sabiendas de que muchos productores andan por arriba de los catorce por volumen con la pinot noir. Ese delicado espécimen que lo convierten en aguardiente sin el menor recato. Se trata de un vino con doce meses de crianza en roble francés y americano, como explique antes; usado y nuevo. Huele a chocolate, fruta negra en sazón y notas de fruit cake, que me recuerda a la merlot madura. Un caso atípico de la syrah, aunque no por ello desagradable. Hay quienes notaron especias, como pimienta negra y otros notas de vainilla, tal vez por el roble americano. Repetible.

Por último, dentro de lo programado para esta noche. Cuna de Tierra Pago de Vega 2013. Decidí dejar que los demás anotaran sus impresiones, a estas alturas mis sentidos estaban saturados; y así pude disfrutar de los vinos que tenía ya servidos en las copas. Este último fue descrito por Carlos como: Vista, color rubí con ribete violáceo, en nariz tierra mojada y pimientos. En boca se agudizan los sabores a especias. Grado alcohólico alto, mucha madera (en este punto coincido, sólo, en que se percibe, cosa que no había sucedido con los vinos previos) Está redondo, con posgusto tánico. Yo sólo advertí otra vez aromas de maple y fruta negra. Reitero categóricamente lo que dije al principio: un gran acierto acercarnos a estos vinos, que no tienen nada que ver con la multicitada región de Baja California. Quizás pronto visitemos esta bodega, ya habrá tiempo de contar nuevas experiencias de Guanajuato.

CATA 195Hay países cuya relación con el vino no parece tan estrecha como lo pueden ser: Francia, Italia y España, aunque en realidad todo indica que se originó en las faldas del Cáucaso. Vestigios de lagares, semillas de uva y ánforas con pigmento han sido la prueba para sustentar dicha teoría. Israel está entre los primeros países por donde la vid peregrinó en su largo éxodo hacia el Oeste del Mar Mediterráneo.

En esta ocasión probamos cuatro vinos de este país de la región de Judea. Pero antes descorchamos uno de Pomerol que había traído  René.  Clos René 2010. Y antes de éste, un espumoso de Concha y Toro, para quienes llegaron temprano a la cita, aunque por falta de cuórum todos tuvieron la oportunidad de probarlo. Se trata de un espumoso muy agradable, con aromas a lanolina, talco y notas cítricas lejanas. En boca es abocado a pesar de que aparezca Brut en la etiqueta; se percibe un ligero deje a azúcar residual. Bastante refrescante para los calores que se avecinan.

Pero siguiendo con los vinos de Israel… Según datos estadísticos de la OIV (Organization International de la Vigne et du Vin) Israel tiene 7000 ha de viñedos, y produce 60,000 hl de vino al año. La mayoría del vino que se exporta, sobre todo a EE.UU, lo producen: Carmel o Golan Heights, seguido por las bodegas Barkan y otras menores.

El primero: Clos René 2010; huele a fruta negra, pastel de fruta y notas de fondo a  chocolate blanco. En boca es astringente y de final amargo, dos cosas que destacan del conjunto, que por su precio, recomiendo decantarlo una hora antes del servicio, porque a pesar de sus seis años en vidrio sigue rugoso y desintegrado.

Psagot Merlot 2012. De la bodega del mismo nombre Psagot Winery. Primer golpe a madera vieja, ciruela en sazón. En boca destaca:  mermelada de ciruela además de notas de fondo dulces a ciruela pasa, tanino mullido y acidez justa.

Psagot Edom 2011. Vinificado con 60% cabernet sauvignon, 19% cabernet franc, 5% merlot y 5% petit verdot, 14 meses en roble francés y americano. Este vino huele a humedad, cuarto cerrado, cartón húmedo, por lo que definitivamente está defectuoso.

Psagot Cabernet Sauvignon 2011. Nariz alcohólica, fruta roja y tanino dulce. Este vino no está integrado y dudo que el tiempo haga su trabajo. Inmemorable con causa.

Psagot Single Vineyard Cabernet Sauvignon 2011. Primer golpe a cartón mojado, después se limpia un poco moviendo la copa, dando mermelada de arándanos. En boca  falta acidez, de tanino dulce y final amargo. Sin pena ni gloria. No sé si con esta muestra puedo aventurarme a decir que me parecen vinos sobremadurados, o que el clima cálido hace que el azúcar aumente, y dé por lo tanto esa sensación de taninos dulces en parte por el alcohol y por el azúcar residual, otra sería el trato antes del descorche. Me gustaría probar vinos de otras bodegas y añadas más recientes.

Merlot chileno

Publicado: 26 marzo, 2016 en Vino
ALBAMAR

Yo sin lentes, no pude corregir el énfasis de la cámara en el fondo.Por lo que la etiqueta ha quedado fuera de foco.

Después de descorchar tantos vinos anónimos, de los que no dejan huella, a los que llamo “inmemorables con causa”. Encontrar algo que valga medianamente la pena, es grato. Y mira que me he vuelto menos quisquilloso que hasta hace unos años, cuando con extremo cuidado llevaba las botellas desde mi casa al restaurante (cuando en ocasiones especiales permitían el descorche) sin que se sacudieran por el camino. Encuentro cada día vinos más caros y con menos personalidad. Hace unas semanas después de revisar la carta, pedí un vino en un restaurante icónico de la ciudad de Cuernavaca, se trata de Las Mañanitas, un lugar de referencia para quienes han buscado desde siempre,  un rincón tranquilo bañado por los rayos de sol, envuelto en un exuberante jardín donde pasean pavo reales y patos. Hoy puedo decir que parte de la magia se ha esfumado, sus dueños originales ya no están al frente, al igual que la cristalería, la loza y el mimo de los meseros. Tal como sucede con muchos vinos actuales; ha ido perdiendo su personalidad. Eso sí, la cuenta llega al final bastante abultada.

Pero hablando del vino en cuestión me pareció una buena elección,  para la ocasión, a unANTARES precio que no quita el hipo.  Un merlot de trago largo. Albamar Merlot 2013. Un vino chileno, al parecer producido por una familia norteamericana: William Cole. Cuenta con 129 hectáreas en el Valle de Casablanca, a sólo 45 km del Océano Pacífico. La zona más fría de Chile, que hasta hace unos años se concentraba en vinos blancos, pero ha ido incursionando poco a poco en los tintos, con buenos resultados. Me gustaría saber cuál sería el resultado de la pinot noir, si es que alguien se ha animado ya a plantarla. Hablando de merlot chileno, probé otro, también en restaurante, que me gustó aún más. Un Antares  cuya añada no anoté, posiblemente porque no la vi impresa, perdón por mi poca memoria. Huele a mermelada de arándanos, cerezas en licor y algo de pimienta blanca. En boca es frutal, de tanino discreto, acidez justa pero agradable en su conjunto. Aunque confieso que la copa donde me lo han puesto me gusta más. Estas copas con el fondo achatado se están poniendo de moda.

Cata centésima nonagésima cuarta

Publicado: 19 marzo, 2016 en Cata

PCATA 194arece tarea fácil desmenuzar una copa de vino para saber: de qué uva se trata, el grado de madurez, su astringencia, azúcar residual… y todas esas cosas de las que se encargan los enólogos en el laboratorio, y los sumilleres en los concursos. Habría que matizar que los enólogos se encargan de muchas otras cosas en el viñedo, desde mucho antes de la vendimia,  y de todas las labores dentro de una bodega.  Decía que parece fácil, pero no lo es. Si a ésto le sumamos la falta de tipicidad por: la sobre-extracción de la fruta,  la homogenización en los procesos, el cambio climático y otros menesteres…, la tarea se torna francamente imposible a la hora de pretender descifrar el origen del vino en cuestión. Esto mismo pretendí que hicieran mis compañeros de grupo, con resultados no muy halagüeños. Tenían que anotar: país,  denominación de origen, variedad (es) y añada… ¡Casi nada!

La verdad es que al final todos los vinos venían de Somontano, aunque hubo quienes suponían que se trataba de Argentina, México, Chile y hubo alguien que pensó en Borgoña. Así las cosas, creo que fue una buena lección de humildad para todos, y me viene a la memoria aquella frase de Sócrates: “Yo sólo sé que no sé nada” 

Empezamos con Viñas del Vero, y terminamos con Bodegas Pirineos.

Viñas Del Vero crianza , vinificado con tempranillo y cabernet sauvignon. Huele a ciruela con notas muy presentes de vainilla y romero. En boca está un poco diluido, y tiene tanino rugoso.

Viñas Del Vero Cabernet Sauvignon 2006. Este otro tiene muy presente un aroma químico, cansino y de final largo, acidez alta. Desequilibrado, parece que no ha tenido una buena guarda, aunque su acidez me hace suponer que da para más.

Viñas Del Vero Merlot 2006, con 14.0 grados de alcohol y diez meses en Allier. Huele a cerezas, pétalos de rosa, propios de la merlot en vinos jóvenes. Astringente y de final largo. Repetible. Este ha sido el vino que alguien confundió con un borgoña.

Montesierra 2013 de bodega Pirineos, cabernet, tempranillo y melot. Aromas a pimiento, ciruela negra, boca frutal de buena acidez y astringencia. Repetible

Pirineos Selección 2008. Buena fruta; roja en sazón; cerezas, excelente acidez, buen paso y tanino rugoso. Repetible.

Una pequeña muestra de estos vinos que nacen en las faldas de los Pirineos, en la región de Aragón.

sobaquilloAnte la falta de tiempo para preparar la cata, el viernes por la noche llegaron, los pocos “catadores” que lo hicieron, con una botella debajo del brazo. No hubo ninguna restricción de variedad, precio o de ninguna otra. Y los resultados son los siguientes:

Empezamos con Moet & Chandon Rosé Imperial, mi afinidad con el champán rosado quizás haya sido la causa de que me gustara tanto. Cualquier entendido del champán podría decir que: se trata de una marca industrial, que produce miles de cajas…etc, etc, y si sumamos el hecho de que aquí en México la oferta de espumosos no es muy generosa. Debo decir que me agradó y mucho. De color salmón, buena burbuja (fina), tiene una nariz intensa a panadería, almendras, durazno y notas de grosella. En boca tiene una frutalidad muy vivaracha, buena acidez , recordando la toronja blanca. Repetible.

El segundo; Cyan Prestigio 2007, vino de la Tierra de Castilla y León. Aromas a regaliz y arándanos. En boca es plano. Va de menos a más con buen paso, pero al final vuelve a diluirse. Inmemorable con causa.

Pisano 2005, vino Uruguayo vinificado con tannat. Huele a fruta roja indefinida con una nota de madera. En boca es poco expresivo se percibe algo lejano de aceituna verde, final ácido.

El cuarto viene de Ribera del Duero, es un Matarromera 2010, al parecer 100% tempranillo que deja a más de uno satisfecho. Fruta negra de la mejor calidad, con un fondo balsámico muy agradable. De trago largo y con cierta complejidad. Repetible, sin dudar.

Este último ha invadido el mercado mexicano, pocos de quienes beben vino español, podrían dudar de haberlo probado por lo menos una vez en su vida. Gran sangre de Toro 2011. Un vino redondo, sin aristas, frutal de tanino comedido y acidez justa. Un vino correcto, para beber diario.

Después de esta sucinta reseña, y a un mes exacto de haber catado estos vinos, me despido. Hoy toca la Cata 194.

 

De todo un poco

Publicado: 10 enero, 2016 en Reflexiones, Viajes
Etiquetas:,

"Ready to go"La cultura norteamericana; sajona y de tintes hegemónicos, ha permeado en distintas facetas de la sociedad alrededor del Mundo: cine, moda, tecnología, tendencias de consumo… Y como era de esperarse el vino no es ajeno a estas corrientes de usos y costumbres tan sofisticados y a la vez industrializados, donde el ser humano pierde su individualidad y camina por las calles como en aquel anuncio de Apple del año de 1984.

Confieso que nunca en mi vida había visto una copa de plástico con el vino dentro lista para beber; con una tapa metálica, tipo papel aluminio y refrescada en hielo. Si todavía deambulan almas por el mundo escandalizadas por los tapones sintéticos, me imagino que encontrar un producto de estas características, será motivo de infarto al miocardio. Digno de reflexión, sobre el futuro del vino, sumado al cambio climático que parece evidente aunque los motivos de tal cambio no sean para muchos lo que proclaman a los cuatro vientos, incluido en esa lista a un servidor. Aunque ya estoy buscando algunos acres en Alaska para plantar Syrah,  y otros tantos en California para plantar palmeras de cocos y dátiles.:-)

19 Crimes and Naughty Divas...

19 Crimes and Naughty Divas…

Siguiendo en la sección de vinos en el mismo establecimiento, me encuentro con dos vinos que llaman mi atención. Uno de Australia “19 Crimes” y otro de no sé donde rayos, cuyo nombre está dedicado a una noche de copas: “Naughty Divas” algo así como noches pícaras. Probé el primero, en la contra-etiqueta explica lo que fue Australia antes de que la colonizaran los ingleses. Una cárcel donde más de la mitad de los convictos moría por el camino, ya que las condiciones en los barcos a finales del XVIII no eran las más adecuadas, además, como se trataba de gente non grata dentro de la sociedad inglesa, el trato hacia ellos dejaba mucho que desear. 19 Crimes hace referencia a esta difícil época en aquellas lejanas tierras. Un vino correcto, sobre-extraído, sin excesos. Repetible.

Por último, un vino que lo he visto por los estantes aquí en México, y mi debilitada memoria no recuerda con tanta precisión si ya lo había probado, me parece que sí. Se trata del Gabbiano 2014. Un Chianti que pedimos en un restaurante italiano en Orlando, que entraba dentro de los precios comedidos, casi treinta dólares en restaurante. Me ha dejado más que satisfecho. Frutal, de excelente acidez, pero sobre todo el conjunto lo hace un vino fácil de beber, con cierta personalidad. Un sangiovese muy bien logrado que en Walmart tiene un precio de 10 verdes. Huele a grosella, refresco de cola, regaliz, chocolate amargo, tanino maduro, final largo y amargo.

En ambos vinos no indican la añada… Parece una costumbre que comienza a arraigarse…

 

 

DAVID MORENOEste año que está por terminar, tiene muchos vinos que he dejado en el tintero, a veces por falta de tiempo y la mayoría por pereza y porque no hay mucho que contar de algunos vinos. Empezaré por un vino que me regalaron para que lo probara in situ. En situ me refiero al restaurante, y no a la bodega. Se trata de un riojano; David Moreno, cuya añada no anoté porque no encontré el dato en la etiqueta, posiblemente esté indicada en la contraetiqueta, pero ya fue demasiado tarde como para ir por ella  al depósito de basura.  Huele a ciruela en sazón, de  boca frutal, equilibrio entre : tanino, alcohol y acidez. Buen paso de boca y final largo. Un vino correcto y que sin problemas repeCASA DE LA ERMITAtiría con el mismo menú: pizza.

Lo que todavía no me explico, es por qué en ese afán de la originalidad omiten información en la etiqueta..
. No tendrían por qué dejar de indicar un dato tan importante como la añada.

Otro vinito que probé ayer en la cena navideña y volví a descorchar en el recalentado, es el Casa de La Ermita 2012, donde también se repite la misma historia. No hay añada al frente de la botella. La falta de información pudiera ser un punto medular a la hora de la elección de un vino. La situación empeora en algunas bodegas, dentro de su página web. Hay algunas que francamente guardan celosamente datos como: características del viñedo, vinificación y crianza. En cambio casi todas cuentan con notas de cata muy bien adornadas y con palabras rimbombantes que realzan las cualidades del producto.

Poner en la etiqueta. “TINTO/ RED WINE”, es definitivamente rizar el rizo, pero como andan las cosas, parece ser que le dan menos importancia a la añada, al grado de alcohol, o   especificar la crianza.

Siguiendo con la descripción del vino de Jumilla, vinificado con monastrell y syrah; huele a arándanos, ciruela en sazón y hollejos. En boca tiene una acidez exquisita, de trago largo y taninos suaves. Muy agradable. Para comprar un par de botellas más.ROMATE VIVA LA PEPA

Dentro del menú navideño, añadí una pierna de jamón, regalo de un buen amigo. He cortado varias lonchas de jamón entre la cena y el recalentado. Aunque muchos hemos comido el jamón con tinto, no hay como una buena manzanilla para tal propósito. Así que me dirigí a una de las pocas tiendas abiertas en esta fecha (25 de diciembre) y he comprado una botella de manzanilla Romate, Viva La Pepa. ¡Qué mejor maridaje  para el jamón…! Amarillo pajizo, glicérico, aromas intensos a yodo, aceituna verde, almendras y una nota salina como si estuviera a la orilla del mar. Boca amplia y profunda, final amargo, untuoso y con una excelente acidez. Marida de maravilla con el jamón, sólo faltaron las aceitunas.

¡Pues Viva la Pepa! mañana cortaré más lonchas y tal vez acabe con esta botellita, la última manzanilla de este año.

CATA 192Como todos los años, en diciembre nos dispusimos a compartir seis vinos de precios altos, aunque muchas veces eso no implique que sean mejores que los “económicos”. Con manteles largos y las copas dispuestas, en esta ocasión fue Toro la protagonista, la cata anterior también habían sido  vinos de esta denominación, retomamos la idea con vinos de un nivel de precio más alto. Mucha gente está convencida de que los vinos “caros” son mucho mejores, idea que mueve la economía en la mayor parte del Mundo. Hubo sólo una excepción y fue un chileno que quedó un poco rezagado, al último ya cuando la lengua daba señales de entumecimiento después de tanto tanino agreste.

Pintia 2008. Con un año de crianza, 70% en roble francés y el resto en americano, y sus 15% de alcohol. Huele a cerezas en licor, con notas de zarzamora, no sé por qué últimamente todo me huele a zarzamora. En boca es astringente, de esa astringencia propia de la madera, como cuando se chupa el palo de las paletas… y alcohol no integrado. Es que 15 grados es bastante octanaje, creo yo.

De la famosa bodega de Ribera del Duero viene el siguiente vino, aunque éste se vinifica en Toro. Cyan Prestigio 2005. Al principio tiene un olor desagradable a cartón mojado y polvo, bonita combinación… Yo me quedé en esas aunque las caras de mis amigos no me hicieron pensar en que les hubiera desagradado. En boca tiene buena acidez, fruta, buen tanino, sin arrancar la lengua. Hay quienes encontraron aromas a dátil, cuero mojado y más fruta que yo. Yo no lo volvería a comprar. Aunque tratándose de un defecto habría que ser más justos y repetir.

Piedra Platino 2004, con 18 meses de crianza, y algo que ya se está volviendo costumbre: revolver roble francés con algo de americano. En este caso 85 y 15% respectivamente. Chocolate, regaliz, buen paso de boca y acidez aceptable. No está mal. Repetible.

Numanthia 2010. 16 meses en roble. 15% de alcohol. Un poco mudo al principio, fruta mesurada, aromas a vainilla que me imagino vienen del roble, y aunque la información es escueta, debe ser francés o una combinación con algo de americano. Astringente y final largo.

Termanthia 2009. Su hermano mayor, con 18 meses en roble. Nariz discreta, fruta negra con notas de chocolate amargo y vainilla. Hay quien puso en sus notas: elegante y discreto. Hasta el momento puedo decir que una decantación previa de una hora podría sacar algo más de estos vinos con exceso de roble, para mi gusto. Una opinión muy personal ya que ha gustado a todos los miembros del grupo. La pregunta sería: ¿podría conseguir algo más por los casi 4000 pesos que piden…? Por cierto, esta botella  desde que la saqué de la cava me pareció muy pesada… Así que fui a la báscula que se usa en repostería… 1188 g, cuando una botella promedio ronda los 450 g. Se podría usar con mucha efectividad para defensa personal. Pues hasta aquí ha llegado Toro, y mis sugerencias para esta cata, ya que en esta ocasión no hice las compras directamente por cuestiones que sale de sobra que explique en este foro.

El último en el orden, sólo en eso, de Viña Santa Helena, Notas de Guarda 2009. Después del inmisericorde bombardeo de taninos a la lengua, viene este vino que a pesar de sus 14,5 grados de alcohol y sus 13 meses de roble francés, de primero y segundo uso; se siente ágil y ligero, con aromas a ciruela madura, buen paso de boca y alcohol y tanino integrados. Nada que pueda ponderarse después del desfile de roble y alcohol. Aquí llegamos a la última cata de este año.