CATA 198

Vinos de la 198

Un vistazo por los pasillos de La Europea hizo que me inclinara por  vinos de Querétaro y Parras Coahuila. Me da gusto ver bodegas nuevas aunque debo reconocer que no todas las que nacen, crecen… Y muchas otras desaparecen o venden la fruta a otras bodegas. Me pregunto qué se necesita para hacer buen vino; no sé la respuesta pero debe ser bastante complicado, y creo que han llegado inversionistas a muchos viñedos, arribistas, que observan el panorama desde el punto de vista puramente comercial, y es ahí donde fracasan. Espero que estas dos bodegas que abrieron sus puertas al público en 2014 sigan por muchos años. Me refiero a :San Juanito Vinícola  y Bodegas de Cote.

Don Leo  Pinot Noir 2012. Me sorprende ver esta variedad en tierras mexicanas ya que jamás la había visto. Una cepa difícil para climas cálidos. Huele a chocolate amargo, zarzamora y ciruela madura. En boca es astringente,  acidez justa y de final amargo, desequilibrado, un pinot muy goloso.

Don Leo  Cabernet Sauvignon / Shiraz 2012.  Granate de capa alta. Aromas intensos a cerezas en licor, canela y notas ahumadas. En boca es áspero y de final largo.

De Cote  Tempranillo/ Shiraz  2012 en Ezequiel Montes, Querétaro. Un vino con aromas a mermelada de arándanos, higos y notas de tofe. Tiene un ataque, paso de boca y final sin altibajos, tanino presente sin excesos. Repetible.

De Cote Merlot 2013. (62% merlot, 25% cabernet sauvignon, 12% shiraz) Este cuarto vino es el que más ha gustado de la noche. Aromas limpios a fruta roja de la mejor calidad, ciruela, grosella. En boca se confirma su fruta, excelente acidez y final amargo. Todo en su lugar. Para comprar media cajita y ver que pasa con el tiempo.

San Juanito Malbec 2013. Huele a canela, fruta roja y notas de humo. Buen ataque, buen paso de boca y final corto. Repetible.

San Juanito Syrah/ Malbec 2013. Aunque parece difícil de creer, este vino marca en la etiqueta 12.0 % grados de alcohol. Aromas de mediana intensidad a hollejos, zarzamora, notas especiadas de mejorana, tanino presente, alcohol integrado y acidez justa, final corto.

En general a todos nos parecieron vinos caros, el promedio es de $472.50 el más alto es De Cote Merlot 2013 con 595 pesos y el más bajo Don leo Cabernet/Shiraz de 399 pesos. Precios de La Europea.

Siempre habrá un buen motivo para reunirse a probar una copa de vino, en esta ocasión no fue la excepción, se trató de la inauguración oficial de  la cava de un amigo. Miguel la ha nutrido con algunas botellas que quitarían el hipo a cualquier buen aficionado.  La mesa dispuesta in situ, dentro de la espaciosa cava, ocho asientos alrededor de la mesa. Previa selección de un servidor que me decanté por Burdeos y también algunas cositas que sonaban interesantes. Me pareció buena idea hablar antes sobre el génesis del vino, tanto desde el punto de vista antropocentrista  como del que me parece menos preciso pero más veraz:  El segundo habla de Pangea, hace 500 millones de años, cuando la Tierra estaba formada por un solo continente. Desde donde aparecieron los primeros restos de semillas fosilizadas de Vitaceas, porque,  debemos reconocer que desde que apareció un racimo colgando de la primera planta, y  éste fermentó, hubo vino. La intervención del Hombre fue mucho después en Mesopotamia, 8000 a.C. Posteriormente pasó a los Egipcios, y más tarde se diseminó a toda Europa gracias a los romanos. Haciendo su última escala en El Nuevo Mundo (siglo XVI)  Aunque ya había algunas uvas silvestres, no se vinificaban aún.

CATAMIGUEL

Priorat, Burdeos y La Toscana… Presentes en la Cata de Miguel

Ya en la cata probamos el primer vino: Finca Dofi 2005, de Alvaro Palacios. Este Priorat se presentó al principio  bastante impetuoso, parece que once años en botella no son nada. Puede que decantarlo media hora antes, sea una buena idea. De capa alta y de color granate. En nariz presentó aromas de fruta negra: ciruela, zarzamora y una nota mentolada como bien señalaba Héctor. En boca tiene una excelente acidez que le augura una evolución lenta, con un tanino bastante presente. Como para otros cinco años más.

Duetto 1997. Seguro se preguntaran qué hace un vino mexicano dentro de este conjunto. Este vino que al principio fue un proyecto entre Wente (Livermore Valley) y Santo Tomás (Baja California), me parecía a mí el mejor vino de México en esa época, y esta añada era digna de muchos elogios. Hasta el momento no me ha defraudado, después de 19 años ha envejecido como los grandes.  Estuvimos frente a un vino maduro que huele a cera y barro, algo de pacificados. En boca excelente acidez y de tanino muy limado. Está empezando a bajar de la cima, aunque no podría estar seguro del todo  tomando como referencia sólo esta botella. Por fortuna me queda una más.

Château Pape Clément 1975. Bautizado por su propietario,  el mismo papa Clemente V en 1305, cuya calidad demeritó al final de los setenta y que después de 1985 volvió a  glorias pasadas. Para mucha gente; cualquier vino de más de quince años es vinagre. Quizá no han entrado en el mágico mundo de los placeres sensoriales sin estridencias ni voluminosidades  de los vinos sobreextraídos y dotados de alcoholes arriba de los 13,5. (aunque algunos más alcohólicos están  integrados). Es cuestión de ponderar la elegancia y la profundidad y abrir los sentidos a los susurros de los vinos maduros. Hoy en día acostumbrados a los placeres inmediatos, sin ningún recato para esperar a que el vidrio haga su magia, claro está que sólo con vinos que evolucionan por décadas. Un vino que a medida que corrió el tiempo fue abriendo, pero que sin duda ha pasado su mejor momento. Huele a capuchino, notas de frutos secos y uvas pasa. En boca es fluido y ligero, buena acidez y final corto.

Château Léoville-Barton  1982. Propiedad comprada por Antony Barton en 1826. Cuenta con 48 hectáreas y una producción de 25,000 cajas, 50% barrica nueva. Color terracota, va de menos a más, con un final diluido. Un Léoville-Barton cuyo linaje y excelente añada podía hacernos pensar en cosas mejores. Ni pena ni gloria.

Château Lynch Bages 2003. 90 Ha y una producción de 46, 000 cajas, fuera del promedio de los grandes Burdeos que rondan las 25,000. Un año difícil en Europa en general, con mucho calor y humedad, dando vinos muy alcohólicos y de poca acidez. Una sorpresa ya que este vino huele a dátil, vainilla, quizás por la barrica, balsámicos y algo de fruta roja. En boca es expresivo y frutal, un punto de alcohol y de tanino muy presente. Repetible.

Gaja Barbaresco 2003. Este italiano sin duda es un vino típico de esta añada, fruta madura, muy madura, mermelada de cerezas, arándanos, exuberante y de alcoholes altos, se percibe también la madera y tiene un final largo,  acidez justa que le da cierto equilibrio a todo el conjunto.

 

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964

Vega Sicilia Único 1964. Al final se abrieron tres vinos más, éste, que sin duda es una de las mejores añadas del siglo pasado, y no me canso de repetirlo. Se presentó con mucha dignidad luciendo una corona. Recién llegado de España y al parecer herido de muerte,  con la cápsula chorreada y  un nivel por debajo del hombro. Miguel dudaba que estuviera en condiciones de beberse, o mejor dicho de disfrutarse. Por mi parte puedo decir que fue todo lo contrario; el mejor vino de la noche, y el que más disfruté. Un viejo que susurra sus grandes secretos al oído con aplomo y señorío. Huele a bosque bajo, algo de trufa y ahumados con notas muy sutiles de vainilla. Buena acidez y tanino mullido, con un final largo. Una joya para ser el vino más viejo de la noche.

Hubo otro español, del que no tomé nota, pero que seguramente no levantó suspiros… Por último:

Château Montrose 1998. Al descorchar este vino me di cuenta que tenía doble cápsula, algo sumamente extraño, que bien nos podría llevar a dudar de su autenticidad. El caso es que confieso que es la primera vez que me sucede en más de 20 años en estas andanzas de descorchar botellas. Un vino bastante hecho, el vidrio ha limado sus asperezas y presenta buena fruta, acidez y tanino. Todo en su lugar, cenando una deliciosa baguette y una fresca ensalada. Así llegó el final de esta inolvidable velada, agradezco al dueño de la cava y a todos quienes me permitieron un poco de su tiempo al escuchar todos los disparates que acostumbro decir en estas reuniones.

CATA 197 A pesar de la tarde nublada, amenazando lluvia; el calor nos recuerda que todavía estamos en el mes de mayo. Justo el clima para disfrutar de cuatro blanquitos frescos de entrada, y cerrar con dos tintos.

Empezamos con Garnacha 2014 de Bodegas y Viñedos Artanza, un navarro, que a mi en particular me gustó mucho, y que parece ser filial de viticultores Artadi. Color amarillo verdoso, brillante y fluido. Huele a durazno, espino blanco, piña verde (no madura) y lejanas notas herbáceas. En boca es cítrico, con algo de toronja blanca, mineral, recuerda también al agua quina, con ese amargo al final, excelente acidez y de final eterno. Una joyita por los 295 pesos que piden por él. Para comprar una cajita.

El segundo es un albariño, algo más ordinario. Pazo Barrantes 2014, directo de las Rías Bajas, o si lo prefieren: Rias Baixas. Huele a plátano, con un punto dulce en boca, sin llegar a ser abocado, con una acidez y ese “punto dulce”, bastante equilibrados. Entra con campañillas y sale un poco mudo. Va de más a menos. Repetible.

El tercer blanco es Flor de Chardonnay 2012, con nada menos que 14 grados de alcohol, bastante integrado. Denominación de origen Somontano, de Bodegas Laus. Color pajizo. Huele a barro, cera de abejas y paja mojada. Igual que el anterior va de más a menos. Repetible.

Por último, un blanco que tenía ganas de probar desde hace mucho, se trata de Erre Punto 2012. Vinificado con un 70% de viura y el resto malvasia. Desconcertantemente plano. Nariz cerrada a cal y canto, después de unos minutos huele a manzana verde. En boca es diluido, de final amargo y de acidez justa. No sé si lo volvería a probar. Además de su precio: ¡400 pesos! (19 €)

No sé por que razón se me ocurrió dejar al final dos Côtes-du-Rhône, será por que fue lo más cercano que tenía al revisar los pasillos. El primero: Les Heritiers 2012. En esta región encontramos, la famosa syrah, pero no es la única, ya que junto a ella y por lo regular mezcladas tenemos: garnacha tinta,la mouvèdre, cinsulat, y la carignan.

Les Heritiers 2012. Huele a cerezas y ahumados, tanino maduro y buena acidez. Bebible.

Calvet Côtes-du-Rhône 2014, este otro huele a cerezas en licor, fruta roja, algo ligero, buena acidez y de final largo. Frutal, algo primario, bebible también, y ambos a precios razonables; alrededor de 200 pesos.

Revisando algunas fotos de visitas a bodegas, me encontré con una buena cantidad de marcas de fabricantes de barricas, que quiero compartir, y como decían en los ochentas: una foto dice más que mil palabras… Y aunque no quisiera tomar al pie de la letra esta expresión, en esta ocasión creo que es elocuente.

En esta última foto del 2005 de Bodegas López Heredia Viña Tondonia, podemos ver un tonel de gran capacidad, que permite un pulimiento lento del tanino.

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(Continuará…)

De Bodegas Vega Manchón, Dolores Hidalgo, GuanajuatoMi primer encuentro con esta bodega fue en el año del bicentenario de la Independencia, septiembre de 2010, y debo decir que fue amor a primera vista, lo probé y me sedujo. Es de esos vinos que sin dudar se pueden comprar por caja, para ir descubriendo su evolución con el paso de los años.

Un gran acierto de Francisco traer a la mesa los vinos de esta gran bodega. Hacía tiempo que no quedábamos tan satisfechos con lo catado, como sucedió en esta noche.

Empezamos con un blanco: Torre de Tierra 2013, vinificado con semillón 100%. Color pajizo con reflejos verdosos, brillante, fluidez consistente. Nariz intensa a mango, y notas lejanas de durazno. En boca buen ataque, acidez justa y final amargo. Un vino muy sabroso que en este momento me viene a la cabeza acompañarlo con pan artesanal y un buen queso joven de cabra con ceniza. Sin duda para comprar media cajita.

Inmediatamente después, descorché el primer tinto: Cuna de Tierra 2013, con una rara mezcla de: cabernet sauvignon, cabernet franc , merlot y shiraz. Color rubí de capa media, brillante. Huele a barro, ciruela y alguna especia; mejorana. En boca es redondo, sin aristas, apenas se advierte alguna sensación alcohólica, que parece ser por la temperatura, esta apenas por arriba de lo que debería. Repetible.

El tercero es el Nebbiolo Cuna de Tierra 2013. Cuya mezcla, nada ortodoxa, marca las variedades típicas de tres países distintos: la nebbiolo (Región del Piamonte en Italia), Malbec (Argentina) y la tempranillo que huelga decirlo: España (mayoría de las regiones). El resultado: color granate de capa alta, aromas intensos a fruta negra; zarzamora, con una nota de capuchino. El más alcohólico con sus 13,8 grados, que se han notado, apuesto que con el tiempo se irá integrando. Para comprar una cajita.

Torre de Tierra sin añada, por lo menos no a la vista. Vinificado con 80% de tempranillo y el resto de cabernet sauvignon. Color rubí con ribete ocre. Aromas intensos a tofe, chocolate, maple y arándanos. Como para tener unas cuantas botellas en bodega.

Cuna de Tierra Syrah 2014. En el caso de este vino y también del tercero, la madera es parte de primer uso, y otra de segundo. Una buena práctica de esta bodega de no poner roble nuevo a todo lo que se les atraviesa por el camino. Una cualidad de todos los vinos catados es su tanino sedoso, mullido… aunque observo que el alcohol rebasa los 13 grados, que tampoco es motivo de escándalo, a sabiendas de que muchos productores andan por arriba de los catorce por volumen con la pinot noir. Ese delicado espécimen que lo convierten en aguardiente sin el menor recato. Se trata de un vino con doce meses de crianza en roble francés y americano, como explique antes; usado y nuevo. Huele a chocolate, fruta negra en sazón y notas de fruit cake, que me recuerda a la merlot madura. Un caso atípico de la syrah, aunque no por ello desagradable. Hay quienes notaron especias, como pimienta negra y otros notas de vainilla, tal vez por el roble americano. Repetible.

Por último, dentro de lo programado para esta noche. Cuna de Tierra Pago de Vega 2013. Decidí dejar que los demás anotaran sus impresiones, a estas alturas mis sentidos estaban saturados; y así pude disfrutar de los vinos que tenía ya servidos en las copas. Este último fue descrito por Carlos como: Vista, color rubí con ribete violáceo, en nariz tierra mojada y pimientos. En boca se agudizan los sabores a especias. Grado alcohólico alto, mucha madera (en este punto coincido, sólo, en que se percibe, cosa que no había sucedido con los vinos previos) Está redondo, con posgusto tánico. Yo sólo advertí otra vez aromas de maple y fruta negra. Reitero categóricamente lo que dije al principio: un gran acierto acercarnos a estos vinos, que no tienen nada que ver con la multicitada región de Baja California. Quizás pronto visitemos esta bodega, ya habrá tiempo de contar nuevas experiencias de Guanajuato.

CATA 195Hay países cuya relación con el vino no parece tan estrecha como lo pueden ser: Francia, Italia y España, aunque en realidad todo indica que se originó en las faldas del Cáucaso. Vestigios de lagares, semillas de uva y ánforas con pigmento han sido la prueba para sustentar dicha teoría. Israel está entre los primeros países por donde la vid peregrinó en su largo éxodo hacia el Oeste del Mar Mediterráneo.

En esta ocasión probamos cuatro vinos de este país de la región de Judea. Pero antes descorchamos uno de Pomerol que había traído  René.  Clos René 2010. Y antes de éste, un espumoso de Concha y Toro, para quienes llegaron temprano a la cita, aunque por falta de cuórum todos tuvieron la oportunidad de probarlo. Se trata de un espumoso muy agradable, con aromas a lanolina, talco y notas cítricas lejanas. En boca es abocado a pesar de que aparezca Brut en la etiqueta; se percibe un ligero deje a azúcar residual. Bastante refrescante para los calores que se avecinan.

Pero siguiendo con los vinos de Israel… Según datos estadísticos de la OIV (Organization International de la Vigne et du Vin) Israel tiene 7000 ha de viñedos, y produce 60,000 hl de vino al año. La mayoría del vino que se exporta, sobre todo a EE.UU, lo producen: Carmel o Golan Heights, seguido por las bodegas Barkan y otras menores.

El primero: Clos René 2010; huele a fruta negra, pastel de fruta y notas de fondo a  chocolate blanco. En boca es astringente y de final amargo, dos cosas que destacan del conjunto, que por su precio, recomiendo decantarlo una hora antes del servicio, porque a pesar de sus seis años en vidrio sigue rugoso y desintegrado.

Psagot Merlot 2012. De la bodega del mismo nombre Psagot Winery. Primer golpe a madera vieja, ciruela en sazón. En boca destaca:  mermelada de ciruela además de notas de fondo dulces a ciruela pasa, tanino mullido y acidez justa.

Psagot Edom 2011. Vinificado con 60% cabernet sauvignon, 19% cabernet franc, 5% merlot y 5% petit verdot, 14 meses en roble francés y americano. Este vino huele a humedad, cuarto cerrado, cartón húmedo, por lo que definitivamente está defectuoso.

Psagot Cabernet Sauvignon 2011. Nariz alcohólica, fruta roja y tanino dulce. Este vino no está integrado y dudo que el tiempo haga su trabajo. Inmemorable con causa.

Psagot Single Vineyard Cabernet Sauvignon 2011. Primer golpe a cartón mojado, después se limpia un poco moviendo la copa, dando mermelada de arándanos. En boca  falta acidez, de tanino dulce y final amargo. Sin pena ni gloria. No sé si con esta muestra puedo aventurarme a decir que me parecen vinos sobremadurados, o que el clima cálido hace que el azúcar aumente, y dé por lo tanto esa sensación de taninos dulces en parte por el alcohol y por el azúcar residual, otra sería el trato antes del descorche. Me gustaría probar vinos de otras bodegas y añadas más recientes.

Merlot chileno

Publicado: 26 marzo, 2016 en Vino
ALBAMAR

Yo sin lentes, no pude corregir el énfasis de la cámara en el fondo.Por lo que la etiqueta ha quedado fuera de foco.

Después de descorchar tantos vinos anónimos, de los que no dejan huella, a los que llamo “inmemorables con causa”. Encontrar algo que valga medianamente la pena, es grato. Y mira que me he vuelto menos quisquilloso que hasta hace unos años, cuando con extremo cuidado llevaba las botellas desde mi casa al restaurante (cuando en ocasiones especiales permitían el descorche) sin que se sacudieran por el camino. Encuentro cada día vinos más caros y con menos personalidad. Hace unas semanas después de revisar la carta, pedí un vino en un restaurante icónico de la ciudad de Cuernavaca, se trata de Las Mañanitas, un lugar de referencia para quienes han buscado desde siempre,  un rincón tranquilo bañado por los rayos de sol, envuelto en un exuberante jardín donde pasean pavo reales y patos. Hoy puedo decir que parte de la magia se ha esfumado, sus dueños originales ya no están al frente, al igual que la cristalería, la loza y el mimo de los meseros. Tal como sucede con muchos vinos actuales; ha ido perdiendo su personalidad. Eso sí, la cuenta llega al final bastante abultada.

Pero hablando del vino en cuestión me pareció una buena elección,  para la ocasión, a unANTARES precio que no quita el hipo.  Un merlot de trago largo. Albamar Merlot 2013. Un vino chileno, al parecer producido por una familia norteamericana: William Cole. Cuenta con 129 hectáreas en el Valle de Casablanca, a sólo 45 km del Océano Pacífico. La zona más fría de Chile, que hasta hace unos años se concentraba en vinos blancos, pero ha ido incursionando poco a poco en los tintos, con buenos resultados. Me gustaría saber cuál sería el resultado de la pinot noir, si es que alguien se ha animado ya a plantarla. Hablando de merlot chileno, probé otro, también en restaurante, que me gustó aún más. Un Antares  cuya añada no anoté, posiblemente porque no la vi impresa, perdón por mi poca memoria. Huele a mermelada de arándanos, cerezas en licor y algo de pimienta blanca. En boca es frutal, de tanino discreto, acidez justa pero agradable en su conjunto. Aunque confieso que la copa donde me lo han puesto me gusta más. Estas copas con el fondo achatado se están poniendo de moda.

Cata centésima nonagésima cuarta

Publicado: 19 marzo, 2016 en Cata

PCATA 194arece tarea fácil desmenuzar una copa de vino para saber: de qué uva se trata, el grado de madurez, su astringencia, azúcar residual… y todas esas cosas de las que se encargan los enólogos en el laboratorio, y los sumilleres en los concursos. Habría que matizar que los enólogos se encargan de muchas otras cosas en el viñedo, desde mucho antes de la vendimia,  y de todas las labores dentro de una bodega.  Decía que parece fácil, pero no lo es. Si a ésto le sumamos la falta de tipicidad por: la sobre-extracción de la fruta,  la homogenización en los procesos, el cambio climático y otros menesteres…, la tarea se torna francamente imposible a la hora de pretender descifrar el origen del vino en cuestión. Esto mismo pretendí que hicieran mis compañeros de grupo, con resultados no muy halagüeños. Tenían que anotar: país,  denominación de origen, variedad (es) y añada… ¡Casi nada!

La verdad es que al final todos los vinos venían de Somontano, aunque hubo quienes suponían que se trataba de Argentina, México, Chile y hubo alguien que pensó en Borgoña. Así las cosas, creo que fue una buena lección de humildad para todos, y me viene a la memoria aquella frase de Sócrates: “Yo sólo sé que no sé nada” 

Empezamos con Viñas del Vero, y terminamos con Bodegas Pirineos.

Viñas Del Vero crianza , vinificado con tempranillo y cabernet sauvignon. Huele a ciruela con notas muy presentes de vainilla y romero. En boca está un poco diluido, y tiene tanino rugoso.

Viñas Del Vero Cabernet Sauvignon 2006. Este otro tiene muy presente un aroma químico, cansino y de final largo, acidez alta. Desequilibrado, parece que no ha tenido una buena guarda, aunque su acidez me hace suponer que da para más.

Viñas Del Vero Merlot 2006, con 14.0 grados de alcohol y diez meses en Allier. Huele a cerezas, pétalos de rosa, propios de la merlot en vinos jóvenes. Astringente y de final largo. Repetible. Este ha sido el vino que alguien confundió con un borgoña.

Montesierra 2013 de bodega Pirineos, cabernet, tempranillo y melot. Aromas a pimiento, ciruela negra, boca frutal de buena acidez y astringencia. Repetible

Pirineos Selección 2008. Buena fruta; roja en sazón; cerezas, excelente acidez, buen paso y tanino rugoso. Repetible.

Una pequeña muestra de estos vinos que nacen en las faldas de los Pirineos, en la región de Aragón.

sobaquilloAnte la falta de tiempo para preparar la cata, el viernes por la noche llegaron, los pocos “catadores” que lo hicieron, con una botella debajo del brazo. No hubo ninguna restricción de variedad, precio o de ninguna otra. Y los resultados son los siguientes:

Empezamos con Moet & Chandon Rosé Imperial, mi afinidad con el champán rosado quizás haya sido la causa de que me gustara tanto. Cualquier entendido del champán podría decir que: se trata de una marca industrial, que produce miles de cajas…etc, etc, y si sumamos el hecho de que aquí en México la oferta de espumosos no es muy generosa. Debo decir que me agradó y mucho. De color salmón, buena burbuja (fina), tiene una nariz intensa a panadería, almendras, durazno y notas de grosella. En boca tiene una frutalidad muy vivaracha, buena acidez , recordando la toronja blanca. Repetible.

El segundo; Cyan Prestigio 2007, vino de la Tierra de Castilla y León. Aromas a regaliz y arándanos. En boca es plano. Va de menos a más con buen paso, pero al final vuelve a diluirse. Inmemorable con causa.

Pisano 2005, vino Uruguayo vinificado con tannat. Huele a fruta roja indefinida con una nota de madera. En boca es poco expresivo se percibe algo lejano de aceituna verde, final ácido.

El cuarto viene de Ribera del Duero, es un Matarromera 2010, al parecer 100% tempranillo que deja a más de uno satisfecho. Fruta negra de la mejor calidad, con un fondo balsámico muy agradable. De trago largo y con cierta complejidad. Repetible, sin dudar.

Este último ha invadido el mercado mexicano, pocos de quienes beben vino español, podrían dudar de haberlo probado por lo menos una vez en su vida. Gran sangre de Toro 2011. Un vino redondo, sin aristas, frutal de tanino comedido y acidez justa. Un vino correcto, para beber diario.

Después de esta sucinta reseña, y a un mes exacto de haber catado estos vinos, me despido. Hoy toca la Cata 194.

 

De todo un poco

Publicado: 10 enero, 2016 en Reflexiones, Viajes
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"Ready to go"La cultura norteamericana; sajona y de tintes hegemónicos, ha permeado en distintas facetas de la sociedad alrededor del Mundo: cine, moda, tecnología, tendencias de consumo… Y como era de esperarse el vino no es ajeno a estas corrientes de usos y costumbres tan sofisticados y a la vez industrializados, donde el ser humano pierde su individualidad y camina por las calles como en aquel anuncio de Apple del año de 1984.

Confieso que nunca en mi vida había visto una copa de plástico con el vino dentro lista para beber; con una tapa metálica, tipo papel aluminio y refrescada en hielo. Si todavía deambulan almas por el mundo escandalizadas por los tapones sintéticos, me imagino que encontrar un producto de estas características, será motivo de infarto al miocardio. Digno de reflexión, sobre el futuro del vino, sumado al cambio climático que parece evidente aunque los motivos de tal cambio no sean para muchos lo que proclaman a los cuatro vientos, incluido en esa lista a un servidor. Aunque ya estoy buscando algunos acres en Alaska para plantar Syrah,  y otros tantos en California para plantar palmeras de cocos y dátiles.🙂

19 Crimes and Naughty Divas...

19 Crimes and Naughty Divas…

Siguiendo en la sección de vinos en el mismo establecimiento, me encuentro con dos vinos que llaman mi atención. Uno de Australia “19 Crimes” y otro de no sé donde rayos, cuyo nombre está dedicado a una noche de copas: “Naughty Divas” algo así como noches pícaras. Probé el primero, en la contra-etiqueta explica lo que fue Australia antes de que la colonizaran los ingleses. Una cárcel donde más de la mitad de los convictos moría por el camino, ya que las condiciones en los barcos a finales del XVIII no eran las más adecuadas, además, como se trataba de gente non grata dentro de la sociedad inglesa, el trato hacia ellos dejaba mucho que desear. 19 Crimes hace referencia a esta difícil época en aquellas lejanas tierras. Un vino correcto, sobre-extraído, sin excesos. Repetible.

Por último, un vino que lo he visto por los estantes aquí en México, y mi debilitada memoria no recuerda con tanta precisión si ya lo había probado, me parece que sí. Se trata del Gabbiano 2014. Un Chianti que pedimos en un restaurante italiano en Orlando, que entraba dentro de los precios comedidos, casi treinta dólares en restaurante. Me ha dejado más que satisfecho. Frutal, de excelente acidez, pero sobre todo el conjunto lo hace un vino fácil de beber, con cierta personalidad. Un sangiovese muy bien logrado que en Walmart tiene un precio de 10 verdes. Huele a grosella, refresco de cola, regaliz, chocolate amargo, tanino maduro, final largo y amargo.

En ambos vinos no indican la añada… Parece una costumbre que comienza a arraigarse…