188  Rioja siempre ha estado en boca de quienes disfrutan del vino alrededor del mundo, su  prestigio a rebasado fronteras, y es quizás junto con Jerez, la denominación de origen más  emblemática de España,  embajadora de los vinos españoles. Su estilo no es precisamente  definido, como sucede con tantas otras denominaciones. Va desde las bodegas clásicas  como: López Heredia, Rioja Alta S.A., Muga quizás esta última dando un giro a la  modernidad con su Torre Muga, hasta los más modernos como Roda. Así que hablar de  Rioja es hablar de un abanico muy variado de estilos.Una visita por la página del Consejo  Regulador de Rioja, me ha sorprendido por la cantidad de uvas que ampara. Y apuesto  a que mucha gente, como un servidor, no sabían que hay un tempranillo blanco. Pues lo  hay. En tintas están: tempranillo, con poco más de 40 mil hectáreas plantadas de las 62  mil existentes. La    garnacha tinta, graciano que poco a poco ha recuperado el terreno  perdido gracias al esfuerzo de  algunos vitivinicultores como Jesús Madrazo (enólogo de  Contino)  mazuelo,  y maturana tinta.

En blancas tenemos: viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanca, maturana blanca, turruntés, chardonnay, savignon blanca y verdejo. Aclaro que la turruntés no debe confundirse con la torrontés de Argentina.

Rioja junto con Priorat, son las dos únicas denominaciones de origen calificadas. Dado que no tenía muy claro que significaba tal denominación, fuera de que los requisitos son aún más estrictos que en la denominación de origen, me puse a investigar, y esto fue lo que encontré:

En el año de 2008, se implanta una nueva regulación para los nombres geográficos de vinos, desapareciendo los VCPRD (vinos de calidad producidos en regiones determinadas), e incorporando las DOP(denominación de origen protegida) e IGP (indicación de origen protegida). A partir de ahora, el reconocimiento no será realizado por los Estados miembros, sino por la Comisión (…)

– DENOMINACIÓN DE ORIGEN CALIFICADA (DOCa); deberá cumplir, además de los requisitos exigibles a las denominaciones de origen, los siguientes:
– Que hayan transcurrido, al menos, diez años desde su reconocimiento como Denominación de Origen.
– Se comercialice todo el vino embotellado desde bodegas inscritas y ubicadas en la zona geográfica delimitada.
– Cuente con un sistema de control desde la producción hasta la comercialización respecto a calidad y cantidad, que incluya un control físico-químico y organoléptico por lotes homogéneos de volumen limitado.
– Está prohibida la coexistencia en la misma bodega con vinos sin derecho a la DOCa, salvo vinos de pagos calificados ubicados en su territorio.
– Ha de disponer de una delimitación cartográfica, por municipios, de los terrenos aptos para producir vinos con derecho a la DOCa.

Así también existe otra clasificación superior:

– VINOS DE PAGOS: son los originarios de un “pago” entendiendo por tal el paraje o sitio rural con características edáficas y de microclima propias que lo diferencian y distinguen de otros de su entorno, conocido con un nombre vinculado de forma tradicional y notoria al cultivo de los viñedos de los que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares y cuya extensión máxima será limitada reglamentariamente por la Administración competente, de acuerdo con las características propias de cada Comunidad Autónoma, y no podrá ser igual ni superior a la de ninguno de los términos municipales en cuyo territorio o territorios, si fueren más de uno, se ubique.
Se entiende que existe vinculación notoria con el cultivo de los viñedos, cuando el nombre del pago venga siendo utilizado de forma habitual en el mercado para identificar los vinos obtenidos en aquél durante un período mínimo de cinco años.
En caso de que la totalidad del pago se encuentre incluida en el ámbito territorial de una denominación de origen calificada, podrá recibir el nombre de “pago calificado”, y los vinos producidos en él se denominarán “de pago calificado”, siempre que acredite que cumple los requisitos exigidos a los vinos de la Denominación de Origen calificada y se encuentra inscrito en la misma.

Información obtenida de http://www.winesfromspain.com

Como pueden ver, se trata de términos que en muchas ocasiones los consumidores quedan aún  más confundidos que al principio de su búsqueda. Al final lo que cuenta no está ni en las etiquetas ni en las regulaciones, por más estrictas que éstas sean; sino lo que está dentro de la copa.

Empezamos con una bodega cuyos vinos me gustan mucho, sobre todo el segundo de la noche. Se trata la bodega El Coto de Rioja S.A. El primero: El Coto 2011. Doce meses en roble americano y seis en botella. Huele a tierra mojada, fruta negra. En boca es amplio y va de más a menos, acidez alta, necesita integrarse. Pasado unos minutos huele a granos de café. Repetible.

Coto de Imaz 2008. Con sus 18 días de maceración, 17 meses en roble americano, y 42 meses en vidrio; sale de la bodega después de cinco largos años de haber sido embotellado. Difícil de creer en estos tiempos que corren donde todo es instantáneo, inmediato. Además de tratarse de un vino por abajo de los 300 pesos (17 €).

En esta ocasión lo siento mudo, poco expresivo. En boca es frutal, buena acidez, tanino presente. Quizás con una decantación abra un poco más. Uno de mis riojanos favoritos me ha dejado indiferente, esta vez.

Lealtanza 2004. A pesar de sus colores de vino evolucionado; terracotas y ribetes ladrillo… Es un vino expresivo, equilibrado con fruta negra, buena acidez, tanino y de alcoholes integrados. Repetible.

Artadi 2010. De 24 a 48 horas de maceración y doce meses de crianza en roble francés. Me ha recordado la puntada de algunos amigos, cuando dicen que llegan entre las 5 y las 7 de la tarde a una cita. La maceración entre una cifra y la otra, es del doble… En fin. Tiene una nariz a tocino y cerezas, boca frutal, con buena entrada. Repetible.

Fuimos pocos a la mesa,  así que he decidido descorchar sólo cinco en lugar de los seis acostumbrados… El último es el Cune Edición Única 2007. Con dos años en roble tanto francés como americano. Sospecho que esta etiqueta la han impreso para una tirada de botellas vendidas en México, y que se trata simplemente de un reservita cuya añada les ha costado trabajo vender. Perdón, pero a veces soy muy mal pensado. Además en esto de la mercadotecnia se vale de todo. Es un vino frutal, de acidez moderada y de final largo. Nada que evoque pensamientos muy altos ni suspiros profundos. Bebible solamente.

Felix 2007  Últimamente ha llegado hasta mi mesa una que otra botella que merece la pena comentarse. Diana encabeza una distribuidora de vinos, su trabajo lo ha hecho con mucho esmero y se nota. Aunque debo decir que los  buenos vinos no siempre llegan de la mano de los más comerciales, diría que casi siempre sucede lo contrario…  Comercial:  palabra que puede provocar urticaria a los más ortodoxos, o de menos erizarles los pelos.

Invitado a la mesa a compartir pan y vino, por un alma generosa, me tocó escoger el vino en un restaurante de  cortes argentinos. Yo andaba buscando un Cune crianza, para no romperme la cabeza y tampoco abusar de mi  anfitrión, sé que podría haberme decantado por un malbec bebible, pero no lo hice.. Al no encontrarlo, un joven  sumiller se acercó a la mesa para  recomendarnos el Envite, cuya añada he olvidado, y no aparece en la foto,  aunque tengo la sospecha que era 2012.  Un vino muy vivaracho, con mucho nervio. Huele a ahumados, fruta  negra y tomillo. Boca frutal y con un ligero cosquilleo en el paladar, excelente acidez y tanino mullido. Sin duda  un riojanito que volvería a pedir. Hasta después me enteré de que lo distribuye Diana Doblado, así que no pierdo  las esperanzas de hacerme de unas cuantas botellas.

Días antes visité a un amigo y su esposa, que generosamente nos invitaron a un servidor y a mi familia, a comer un lechón a la Luján o chancho con cuero, como le llaman en el Cono Sur. Mi amigo es una persona muy meticulosa en todo lo que hace, así como un enamorado de la cocina y del buen vino. Ese día aprendí qué debo meter como combustible en un asado; cómo se debe preparar el carbón antes de…, aunque yo no cuento con todos los instrumentDiosa Vidos necesarios… <<Primero preparo la madera en este “horno confinado por tabiques” para que pasen a ser carbón, y así echarlo al asador…>> Me dijo Mauricio, al mismo tiempo que se disponía a descorchar una botella. Prepara una salsa con la que lo marina, punto clave. Estuvo delicioso. Pero además tenía unas mollejas curadas en leche, que posteriormente puso en el asador. Debo confesar que a pesar de que soy un troglodita profesional, hay cosas que se resiste mi cuerpo a comer, como son: las menudencias, tripas, ojos y lengua trátese de la bestia que se trate. En este caso me tragué mis palabras, y el taco con mollejas y salsa recién preparada… Estaban para chuparse los dedos.  Todo bañado con un Felix “blend” 2007. 73% malbec, sin mencionar la otra parte del “blend”… Quince meses en barrica de roble francés. Un vino frutal que maridó de maravilla con una tabla de quesos, unas aceitunas negras traídas de Turquía y miel flanqueado por un trozo de panal. ¡Gracias a Dios! que todavía hay gente que se trata como Dios manda. Los seres humanos que se precien de cierta sensibilidad saben que nos diferenciamos de los animales “irracionales” porque los hombres somos los únicos seres de la creación que comemos sin tener hambre, simplemente por el placer de disfrutar de una buena compañia, una copa de vino, y un buen plato de lechón a la Luján. Crujiente por fuera y suave y delicioso por dentro, con diferentes salsas, entre ellas; chimichurri.

La segunda botella: Diosa Vid del mismísimo Valle de Guadalupe, donde mi anfitrión me contaba que empieza a participar de la producción de esta bodega. Un vino con carácter, frutal, excelente acidez, tanino maduro con notas mentoladas y muuuy largo. Una delicia, con su notita mineral. Una vez más compruebo que la mejor materia prima, con una buena charla entre amigos,  y una buena copa de vino, es la mejor forma de pasar un sábado por la tarde, y guardar en nuestra memoria estos pequeños momentos que hacen la gran diferencia en nuestras sufridas vidas…

TabiquesChenchoAsado

De la cantimplora a la botella espigada...

De la cantimplora a la botella espigada…

Para no perder la costumbre, con casi un mes de retraso, me dispongo a relatar la centésima octagésima séptima cata.

El primero, un blanco, un blanco especial, o digamos no muy común en los anaqueles mexicanos. Se trata de un silvaner. Juliusspital 2012, con trece grados de alcohol por volumen. Huele a uva, ese aroma que guardo en mi memoria desde la infancia; cuando al pelar la cáscara (hollejo)  la pulpa despide: el olor a uva, también heno, perón y notas minerales. En boca sabe a toronja blanca, rosas, con un ligero amargor al final. Como para comprar tres botellitas.

Chianti Bolla 2010. Huele a ciruela madura con notas de ceniza. Boca frutal, de tanino suave, diluido. Repetible.

Poggio Capponi 2011. Otro Chianti. Huele a cerezas con notas muy maduras tirando a mermelada. En boca se nota demasiado el alcohol, aunque no se pierde del todo la fruta. Para algunos es demasiado astringente.

Blue Nun 2013, este riesling de la monjita, un eiswein que tiene apenas siete grados. Aromas intensos a queroseno, miel y flores. En boca: miel y melocotón. Repetible, aunque el precio puede desanimar a muchos, yo incluido.

Ansellman 2009. Uva silvaner, bastante espeso, huele a membrillo y flores, para otros: notas de guanábana, mango y durazno. Repetible. Al igual que el anterior, aquí en México su precio fue de más de 900 pesos. Por ese precio prefiero un Trokenbeerenauslese, o hasta un Sauternes de medio pelo.

Vidal 2004.  Con 10 grados de alcohol. Este último quise contrastarlo con los anteriores, lo probamos la cata pasada. A mi me encantó. Un vino más maduro, se nota la evolución a favor, dando aromas más profundos, mucho más complejo que los anteriores, aunque dicho sea no es común guardar un icewine durante tanto tiempo.

Tempranillo en México, entres otros.A raíz de un obsequio, una botella de tempranillo mexicano, decidí compararlo con algunos otros de la misma uva y también mexicanos; y este fue el resultado. Empezamos refrescando la garganta con un espumoso de Miguel Torres en cuya etiqueta aparece Santa Digna. Se trata de un rosado vinificado con uva país, la más antigüa de Chile. Estelado sin añada. Color rosado, con destellos frambuesa, burbuja fina y persistente, no muy rápida, pero hay quienes dicen que mucho depende de la copa: el cristal, la manera como se lavó, etc., etc. Un espumoso que ha gustado mucho, sobre todo con los calores que empiezan a apretar. Nariz floral, con algunas notas cítricas de piel de naranja. En boca es refrescante con recuerdos de toronja blanca, toque calizo y buena acidez. Como para hacerse de una cajita para estos calores y los que vienen.

Galileo 2013, de Vinícola El Cielo. Huele a regaliz, moviendo la copa desprende aromas intensos a arándanos, notas de tierra mojada. En boca es mineral, paso de boca amargo, y de final largo. Bebible.

Quinta Monasterio 2011. Por un instante lo confundí en el estante con Hacienda Monasterio. Varietal de tempranillo con doce meses en barrica nueva de roble francés y americano. Humo, chocolate amargo, en general fruta roja en sazón. En boca es algo cerrado, no tan expresivo como en nariz, amargo, y con evidente carga de alcohol. A pesar de que 13,5 grados hoy en día parece un juego de niños. Inmemorable con causa.

Papaztac 2013. Este fue el vino de regalo que propicio esta cata de “tempranillos” aunque sólo hay dos varietales, el segundo y el tercero. Aroma dulce a higos, frutos rojos; ciruela madura. En boca es frutal, de buena acidez y de taninos mullidos. Repetible.

Tierra Adentro 2010. Una bodega que ha sido de las favoritas del Grupo, desde aquel vino que probamos en el bicentenario o esta otra cata donde hubo varios ejemplares de esta bodega zacatecana; Campo Real. En este caso se trata de una mezcla de 80% Syrah, 40% merlot y el resto tempranillo. Así que definitivamente no es un buen ejemplo de tempranillo, que ya de por sí es difícil encontrar su tipicidad cuando es un varietal, fenómeno común ya que se ha perdido la personalidad de la uva por métodos extremos de sobre-extracción y crianzas muy prolongadas entre otras linduras enológicas. Este es un vino con un singular olor a aceite de oliva, para otros: atún y sardinas enlatados, aromas que sólo había encontrado en la chardonnay californiana (EE.UU). El caso es que fue abriendo a fruta roja. En boca tiene una excelente acidez, aunque el final es corto y ligeramente amargo, de buenos taninos y paso por boca.

Un Icewine de uva Vidal 2004. Este vino lo trajo Francisco, y lleva algún tiempo guardado, bien guardado; ya que se manifiesta de la mejor forma en que puede hacerlo un icewine: color ocre, con destellos de oro viejo, espeso, con una nariz embriagadora “botrizada”, miel, flores, piña cristalizada. Una delicia. Guardamos una botellita para la próxima cata, para que no se la pierdan quienes no asistieron este día.

¿Quién quiere un poco más...?

Quién quiere un poco más…

Me he quejado amargamente en este espacio,  en varias ocasiones, de los abusos en algunos restaurantes. Hoy vuelvo a publicar mis amargas experiencias, que abren tema de conversación, las tardes en que visito a mi psiquiatra; cuando me pregunta insidiosamente cuáles han sido mis conflictos espirituales más recientes. El sábado pasado fui invitado a comer por una alma generosa, a un restaurante… Se trata de uno de mucho postín, cuyos jardines deben costar una fortuna, el solo mantenimiento. Para quienes se vayan formando un criterio equivocado, debo reconocer que las cosas: llámense bienes y servicio, cada vez están más caras en este país. Indiscutiblemente, sin lugar a dudas, aunque insistan algunos políticos en convencernos de lo contrario. ¡Perooo…! cobrar 180 pesos por un dedal de vino, me parece obsceno, por no decir otra cosa. Ya sea que se trate de un Oporto Taylor´s,  Tawny 10 años, o de un 20 años, quizás un 40 los valga y hasta un poco más. Y si dudan de mis palabras, vean la foto, que a propósito ha sido contrastada con la copa de agua, que dicho sea, hay restaurantes que sirven el vino en copas mucho más grandes que las del agua. Con esto no quiero decir que esperaba un Oporto en una copa magnum, pero sí algo que me dejara satisfecho sin la idea de que me están viendo la cara.  El fondo del asunto es que muchos restaurantes han encontrado la manera de servir poco y caro, no sólo en las bebidas sino también en las porciones de comida. Sé que detrás hay  costos directos e indirectos, pero no creo que por 50 ml de Tawny 10 años deban cobrar 180 pesos. Una botella (750 ml) tiene un precio en el mercado de aproximadamente 650 pesos, eso nos daría un costo de 43  por dedal… Perdón por copa. El margen de utilidad es poco más de 400%. Si algún amable lector de este blog lo considera justo, prometo no guardarle rencor, debe ser porque seguramente tiene algo que ver con ese restaurante :-)  Pero me gustaría leer sus amables y ponderadas opiniones.

En su mayoría blancos...

En su mayoría blancos…

Seguimos con los vinos orgánicos, y en esta noche, un tinto biodinámico al final. Empezamos con un blanco que no tiene nada que ver con las anteriores categorías: L.A. Cetto Boutique 2011, vinificado con chardonnay, viognier (uva muy típica del Ródano), y la pinot noir. En su color no se distingue ninguna traza de esta última uva. Aromas intensos a durazno y ese olor a pulpa de uva sin cáscara, no sé si quede claro, ya que dicen por ahí que el vino rara vez huele a uva. En boca es refrescante y cítrico; toronja blanca, final amargo con una buena dosis de alcohol. Repetible. Una hora en copa y su aroma evolucionó a caramelo de limón. Blanc de Pacs 2013, vino ecológico vinificado con tres uvas muy catalanas: parellada, xarello y macabeo, esta última se antoja para bautizar a un toro de lidia. Tiene apenas 11,5 % de alcohol y comparado con el anterior, situación muy común en las catas, parece un suspiro:  Frágil, delicado con aromas a té de manzanilla. En boca se puede apreciar un leve cosquilleo señal de residuos de CO2. Lichi y manzana. Muy sabroso. Para tener seis botellitas. Honey Moon 2013 de la misma bodega: Parés Balta y vinificado sólo con parellada. Por la misma línea: sutil y con ese cosquilleo en la lengua, ideal para los calores que se avecinan. Repetible. Mas Petit 2010. Vino de la misma bodega que los dos anteriores (Parés Balta). Hecho con garnacha y cabernet, (no especifica si tinta o tintoreta), Un vino orgánico color violáceo capa alta. Aroma a zarzamora, humo y notas de sulfuroso. En boca; arranca la lengua con sus taninos. Toda la delicadeza de sus hermanos blanquitos, está ausente en este vino. Desbocado. Inmemorable con causa. La Canon Du Marechal 2011. De Domaine de Cazes, inevitable el recuerdo de aquella delincuente que se salió con la suya, aunque su apellido era Cassez. Huele a fruta negra, mantequilla negra, chocolate amargo. En boca es frutal y largo. Repetible. Muscat de Rivesaltes 2008. Este vino de postre, dulce natural, es un concierto de flores y miel, notas de mermelada de durazno. En boca es amplio, dulce sostenido con una acidez que permite disfrutarlo a cada trago. Se antoja con una buena tabla de quesos maduros.

Hay añadas que están marcadas por los recuerdos; ésta es una de ellas. No puede escapar a mi memoria la pérdida de mi madre. Que conste que escribí pérdida con tilde…  :-)

El otro día por la noche tuve la fortuna de reunirme con un amigo y su esposa, una cena de parejas. Siempre es y será grato ya que sé de antemano que habrá una buena charla. Yo había llevado dos botellas: un alsaciano vinificado con gewurtztraminer y un vino Dueto, otro más a la larga lista de vinos homónimos. El primero que me viene a la mente es aquel magnífico ejemplar de Wente y Santo Tomás, cuya añada del 97 fue casi mítica, por cierto me queda una botella. También recuerdo aquel vino que promovió el cantante Luis Miguel, más comercial que sus propias canciones… Y ahora éste, importado de España. El vino no levantó ningún suspiro. El alsaciano estuvo a la altura con un final largo y un poco amargo, que le daba carácter. Pero el vino de la noche fue sin lugar a dudas el Ojos Negros 2004.

Parafraseando al escritor Ildefonso Falcones que de alguna forma agradece al lector por darle sentido a lo que escribe, una vez que concluyen la lectura de sus libros. A mi amigo Mauricio le he regalado un libro que acabé de escribir el año pasado. Ha sido muy gratificante saber que le ha gustado, y que haya dedicado tiempo para su lectura.Así las cosas, llegamos a la botella de Ojos Negros 2004. Me han sorprendido sus bríos, su frescura y su potencia, un vino que a pesar de sus once añotes, sigue con taninos muy vivos, fruta a raudales y un final muy largo. Parece que su evolución es larga y que podría dar mucho más en cinco años, habría que comprobarlo. Tarea difícil ya que dudo que haya algo a la venta de esa añada.

DOMAINE DE CHEVALIER En otro orden de ideas, como dicen los periodistas… El domingo descorché una botella de uno de mis favoritos de Burdeos, por debajo de los cien dólares, aunque como no estaba seguro, por como andan las cosas, busqué en Wine Searcher y está en promedio a 1407 pesos, y no es que aquí en México se encuentre, o por lo menos yo no lo he visto, simplemente es el tipo de cambio. Creo que ya no puede decirse que sea barato, aunque sigue siendo una buena compra. Éste en particular resultó bastante expresivo, con un perfil moderno: mucha fruta en sazón: zarzamora, ciruela, notas de humo y madera. Sin duda merecía una decantación previa. En boca es carnoso y astringente, sin lastimar la lengua. Había permanecido en bodega desde el 26 de noviembre de 2009, y hubiera podido estar evolucionando por varias primaveras. Creo yo. Dato curioso en Burdeos abundan los chateus, y en Borgoña los domaines.  Sin embargo este burdeos rompe la regla. Este Pessac-Léognan, apelación creada apenas en el año de 1987. Y cuyas uvas son principalmente: cabernet sauvignon, merlot y cabernet franc. Aunque no entra en la clasificación de 1855 con los cinco primeros, es sin duda uno de los grandes.

Merecida medalla Nunca me han llamado la atención las medallas que les cuelgan a los vinos, en ningún caso han sido motivo para meterlos al carrito de las compras. Pero esta vez me ha llamado la atención una en especial. Me refiero a la que le colgaron a la botella de Castillo de Liria. Y dice así:

“Los super vinos 2014, Mejor Guía de Vinos de España. Mejor relación calidad-precio de España”

La verdad es que este vino desde antes de la medalla, siempre me sorprendió. Aquí en México tiene un precio de 50 pesos, poco más de 3 dólares o 3 euros. No se puede pedir más por ese precio, un vino correcto y yo diría agradable. Vinificado con bobal, variedad muy conocida en Valencia y Utiel Requena, combinada con la shiraz; que actualmente goza de bastante popularidad. Un tinto agradable, sin muchas pretenciones, pero que cumple dignamente con los 50 pesos que piden por cada botella. Así que no me queda otra más que aplaudir por esa merecida medalla. En un mundo donde cada vez es más extraño encontrar en los anaqueles botellas por debajo de los 100 pesos… Y aún más, tomando en cuenta que es importada.

CATA 184 Hoy en día existen muchas bodegas adoptando prácticas: ecológicas, orgánicas y biodinámicas. Algunas, pocas, inspiradas en una filosofía profunda desde sus inicios, muchas otras, oportunistas dentro de prácticas de mercadotecnia para atraer más clientes. Sea como fuere, existen diferencias entre estos conceptos. La agricultura ecológica fomenta la biodiversidad; el desarrollo y la coexistencia de distintas especies en un mismo espacio físico o hábitat. Un ejemplo dentro de la viticultura sería la plantación de otro tipo de vegetación así como pasto en los espacios entre viñas, para evitar la evaporación del agua y conservar cierta temperatura. Por otro lado los herbicidas, pesticidas y fertilizantes son reemplazados por productos naturales, como los residuos de hollejos y escobajos. La maleza puede ser controlado con animales como gansos, gallinas y hasta equinos, aunque se corre el riesgo de que también se alimenten del viñedo.
En cuanto a la parte orgánica; algunos científicos consideran como orgánico a cualquier viñedo, siendo que se trata de plantas. En términos generales hay que distinguir entre uvas orgánicas, como producto del viñedo, y el proceso que abarca la vinificación dentro de la bodega. Aquí se restringe el uso de levaduras, enzimas, dioxido de sulfuro, ácidos cítrico, etc.
Por último la biodinámica se refiere a todo lo anterior sumando algo más complejo que entraría en algunas prácticas hasta cierto punto esotéricas, tales como enterrar huesos en el viñedo, arar con caballos o con bueyes, vendimiar en luna llena, etc. Dicho lo anterior, pasamos a la degustación de algunos vinos ecológicos y orgánicos.

Roganto Chardonnay 2009. Este primer blanquito no tiene nada que ver con ninguna práctica ecológica; ni en el viñedo ni en la bodega. Se trata de una bodega a la que me he enfocado por sus tintos, que me parecen bastante agradables, así que decidí probar con los blancos en este tiempo que empiezan los calores pre-primaverales. Se vinifica con chardonnay y savignon blanc, dos variedades imposibles de encontrar juntas dentro de los cánones ortodoxos europeos, algo de lo que escribía (viernes 27) el señor Gerschman en su sección del periódico Reforma.Siguiendo con el Roganto, se trata de un vino que huele a lichi, y a uva, entiéndase ese olor que desprende una vez que se le quita el hollejo, con notas de durazno. En boca domina lo amargo, paso de boca potente, con alguna arista alcohólica. Repetible.
O Chardonnay 2012. Para estas alturas las cosas se fueron complicando entre la sutileza de los vinos orgánicos y el medio litro de perfume que traía puesto René. Primera regla de convivencia, y sobre todo para llegar a buen término una cata de vinos. Aromas sutiles a pétalos de rosa, con notas lejanas de azahar, boca sutil y de acidez limitada. Repetible.
Adobe Reserva 2011.Tierra mojada, hojarasca, en boca es agradable, y ligeramente salado al final. Parecería que en términos generales ha gustado, aunque no se refleja en las notas que escribieron. Yo me declaro incompetente, mi nariz a estas horas ha quedado saturada con el tufo que me llega de mi compañero de la izquierda.
Viñas Del Vero 2010.Fruta roja, un poco corto y con una nota de humedad.Repetible.
Nerola Syrah Garnacha 2010. Huele a chocolate, vainilla y mantequilla, en boca es ligeramente astringentede final largo. Repetible.
Pittacum 2008. Aromas intensos a refresco de cola, con notas de madera y especias. De final amargo. Repetible. Buenos vinos en términos generales.
CORCHO

La promoción del vino mediante regalos a los consumidores no es muy común en el mundo del vino. Me viene a la memoria aquel espumoso con pepitas de oro, así como sacacorchos, decantadores, copas…Entre otros accesorios obsequiados a la hora de la compra.

En esta ocasión no iba por vinos, pero pasé por el pasillo de los tintos; lo primero que llamó la atención fue una caja que parecía fuera de lugar. Se trataba de una caja ilustrada a la vieja usanza de los cómics de los años sesentas. La historia en sí es tan intrascendente que dudo que alguien se detenga a leerla. Una caja para una sola botella, de las que se usan con el champán,  decorada como los viejos cómics de Superman o de alguno otro personaje  retroConcha y Toro

¿Tendría Concha y Toro que echar mano de la mercadotecnia de manera tan manifiesta para atraer a los compradores…? Parecería que no. Esta gigantesca bodega chilena, vende y exporta millones de botellas al año, en sus diferentes presentaciones y marcas. Sería raro no encontrar vinos de esta bodega en países que importen vino chileno, y qué decir de México y  EE.UU… Todo indicaría que no hacen falta este tipo de maniobras para que Concha y Toro siga dominando un amplio mercado de vino de este país andino, para el consumo generalizado, sin reparar mucho en la calidad. Aunque ya hay algunas marcas top de la bodega, como Don Melchor.

Al revisar el diálogo de los personajes podemos darnos cuenta de que va dirigido a un público de adultos jóvenes; diría yo entre 25 y 35 años. Cualquiera que sea la motivación de quienes planearon esta campaña, es grato poder ver de vez en cuando alguna variante en el tratamiento de las botellas de algunos aburridos estantes.